Desde el sol hacia la tierra viaja un haz de luz, la radiación solar. La energía emitida por el sol y capturada por la tierra es la fuente y la garantía de perpetuación de la vida. Casi todas las formas de energía, de hecho, tienen su origen directa o indirectamente en el sol. En tan sólo 20 minutos el sol nos proporciona de manera natural, limpia y gratuita la energía que utiliza toda la humanidad en un año.
La tecnología solar térmica permite el aprovechamiento de la radiación solar para la producción de energía a través del calentamiento de un fluido sin residuos contaminantes y sin emisiones de gases de efecto invernadero. El calor procedente del sol incide sobre los captadores y calienta el fluido de su interior. La mayor temperatura de este fluido contribuye a la obtención del agua caliente sanitaria que es acumulada en un depósito acumulador hasta su utilización.
Adicionalmente, el apoyo que la energía solar térmica ofrece al sistema de calentamiento de agua prolonga la vida de componentes como la caldera que no es utilizada en periodos de insolación. La energía solar térmica es aplicada en:
• La obtención de agua caliente sanitaria.
• El calentamiento de agua para piscinas.
• Sistemas de calefacción.
• El calentamiento de agua en aplicaciones industriales.
• Desaladoras.
• Sistemas de refrigeración.
• Arquitectura bioclimática.
• Conversión termodinámica: centrales solares.
La disminución de los costes energéticos es patente con la utilización de sistemas solares térmicos que unido a los beneficios medioambientales que reportan, los convierte en una acertada elección a la hora de diseñar los sistemas de calentamiento de agua sanitaria en vivienda nueva, reformas de vivienda usada y plantas industriales. Los gastos ocasionados por las instalaciones solares térmicas operativas incluyen los bajos costes de funcionamiento y control del sistema, la manutención periódica y reparaciones eventuales; en todo caso muy inferiores al coste necesario de mantenimiento de una instalación que utilice combustibles fósiles. La inversión inicial, ligeramente superior a la requerida por sistemas convencionales, es amortizada en cortos espacios de tiempo. A todo ello habría que sumar el ahorro que supone en la compra periódica de combustible.